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LIGNÉE BAR
Un bar con vitrales y cúpulas sobre la peatonal Lavalle

Un mayordomo de impecable traje negro y camisa blanca da la bienvenida frente a una larga escalera con pasamanos de bronce. Para la mayoría de quienes transitan la peatonal Lavalle, a metros del Obelisco, esta puerta pasa inadvertida. Pero allí se encuentra Lignée Bar, un establecimiento que se propuso como desafío devolverle el brillo a la ex “calle de los cines”.

La propiedad, un edificio de 1890 cuyas plantas superiores fueron completamente recicladas, pertenece a Raúl Conde, también dueño de la emblemática confitería porteña Las Violetas.

La amplitud (casi 1.000 m²), la altura de los techos y detalles como vitrales y cúpulas llevaron a los ideólogos a pensar en recrear la atmósfera de los palacios de la aristocracia argentina de principios de siglo XX. Así surgió el nombre, Lignée (“Linaje”, en francés).

Pese a orientarse hacia un público selecto y reservarse “el derecho de admisión”, el bar no pretende ser secreto, como los escondidos speakeasy, y abre las puertas de miércoles a sábado a partir de las 20. No se cobra entrada, excepto en fechas puntuales en las que se realizan eventos privados, como fiestas o degustaciones.

A cargo de la gran barra central está Sabrina Traverso, ex bartender de Presidente (uno de los mejores bares de Buenos Aires, según el ranking 50 Best Bars). Ella diseñó una carta que, además de tragos clásicos, tiene otros inspirados en el dandy Macoco y aquel ocio chic de la burguesía porteña de su época.

La carta de comidas está pensada para acompañar los cócteles, con opciones que pueden compartirse como solomillo con vegetales ahumados, pulpo a las brasas o risotto al funghi.