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Informe especial
WINE BARS
El consumo de vino en copas gana terreno

El mundo del vino no deja de crecer y mejorar sus canales de distribución y comunicación. Así fue como nacieron y prosperaron en Argentina los wine bars, locales para el consumo en copas, acompañados de tapeo y picadas. Espacios de encuentro social que salieron a competir directamente con la oferta de cervezas artesanales.

Una tendencia se impuso en el mercado local, no solo en la plaza porteña, sino también en provincias con producción vitivinícola. Se trata de los wine bars, espacios cuya propuesta principal se basa en el consumo de vino en copas.

Cabe destacar que se trata de una tendencia internacional que tiene lugar en las grandes metrópolis; principalmente en países productores de vinos de alta gama, como es el caso de Argentina. Más aún, la reconocida Feria Internacional Vinitaly expresó entre sus conclusiones que “el vino por copa es el futuro en el consumo de esta bebida”.

Sin embargo, esta nueva modalidad tuvo que romper con varios estereotipos vinculados al vino: los establecimientos gastronómicos no suelen tener su propuesta centralizada en esta bebida, donde el cliente suele beber vino sentado a la mesa, en el ámbito de la cena o el almuerzo; y las nuevas generaciones no eligen el vino para las salidas nocturnas, más allá de los espumosos.

De todos modos, los nuevos wine bars asumieron estos desafíos y salieron a competir directamente con los locales de cerveza artesanal.

Si bien se trata de un producto de mayor valor de elaboración, la venta por copas lo hace más accesible en costos. Con diferencias propias en cada proyecto, los wine bars ofrecen degustar una copa de vino (en muchos casos bajo el modelo de autoservicio), en un clima descontracturado.

La gastronomía en este tipo de formato cumple un rol fundamental, donde se destacan los tapeos, las tablas, los appetizers y los platos para compartir. Mientras que la ambientación y la arquitectura acompañan la propuesta: mesas comunitarias, cavas vidriadas, una amplia barra y muchos elementos en madera.

Todos estos ingredientes conforman una nueva oferta del mercado a la que responden clientes de 25 a 60 años, mayoritariamente mujeres; y que se consolidó en zonas de alto tránsito de la Ciudad de Buenos Aires, como Palermo, Recoleta, Villa Crespo, San Telmo y Retiro".

 

EL PRECURSOR.

En 1998, en Recoleta, nació un proyecto completamente innovador: Gran Bar Danzón, un wine bar de estilo similar a los que ya estaban consolidados en Nueva York. La propuesta era degustar vino por copas, que salían de una extensa cava exhibida en el salón. La calidad del proyecto lo llevó a convertirse en el punto de encuentro de los enófilos. Un espacio descontracturado en el que suena buena música pero no se baila, y en el que se impone la extensa barra de 12 m.

 

LA NUEVA TENDENCIA.

En la actualidad, uno de los locales más exitosos en este formato es Vico, ubicado en Villa Crespo y provisto de un sistema para dispensar y preservar vino en forma automática, que los clientes accionan con una tarjeta personalizada. A la novedosa propuesta, el wine bar suma un portfolio de 136 etiquetas, en su mayoría nacionales.

Por su parte, Aldo Graziani, el reconocido sommelier devenido en empresario gastronómico, apostó a Aldo's Wine Bar en Retiro. “Después de ver la proliferación de cervecerías, que atraen a un público joven que busca pasarla bien sin demasiadas pretensiones, pensé por qué no abrir en Buenos Aires opciones similares pero con el vino como protagonista. El desafío fue diseñar un lugar pequeño, pero cálido al mismo tiempo, estratégicamente ubicado, que invite a comer una rica tapa o un sándwich acompañado por una o media copa de vino, a un precio ajustado”, describió Graziani.

En Palermo, por su parte, está M Street Bar, focalizado en la venta de vinos premium importados, provenientes de Chile, Nueva Zelanda, Francia, Italia y España. En el mismo barrio se ubican Ser y Tiempo, que destaca por su amplio living con mesa comunitaria y vidriera gigante; Pan et Vin, un pequeño local con una carta de vinos boutique que se sirven en copa con tablas de fiambres, quesos y panes recién horneados; y La Malbequería, un lugar donde el malbec es la cepa destacada.

Asimismo, Wining es un proyecto que fue más allá de la venta de vino para el consumidor final. En Palermo, en un exconvento reciclado, generaron un espacio de co-working para las bodegas, que está abierto de 9 a 18 de lunes a viernes. Allí trabajan con vinotecas, distribuidoras y empresarios de la gastronomía para acercarles sus propuestas. “Luego de ese horario se organizan eventos, ferias y degustaciones para acercar al público general vinos de excelente calidad de todo el país”, detalló Paola Bellezza, fundadora de Wining.

A su turno, Samantha Nilson, sommelier con amplia trayectoria en la industria del vino y fundadora del wine bar Nilson, relató: “Hace un tiempo noté que Buenos Aires no tenía un espacio donde disfrutar una copa de manera relajada y a un precio más accesible. Me pareció que San Telmo era el barrio ideal para abrir un local con estas características. Así surgió la posibilidad de incorporarnos al Mercado de San Telmo, en un espacio que también tiene ingreso desde la calle. Abrimos las puertas hace un año y la recepción de la gente fue muy buena, sobre todo del público local y principalmente femenino”. 

Finalmente, una de las aperturas más recientes es Fausto, que suma un plus a la propuesta de vinos al estar emplazado en la Terminal C del Aeropuerto de Ezeiza. De modo que, entre valijas, pasajes y aviones, ofrece fiambres, quesos y una amplia variedad de vinos argentinos, seleccionados por el sommelier Matias Prezioso.

 

EL MAPA FEDERAL.

Sin embargo, no todo se reduce a la movida porteña. En otros centros urbanos del país los wine bars ganan terreno; más aún donde la vid es parte de la identidad del lugar.

Tal es el caso de Mendoza, que cuenta con Naoki's Wine Garden y Cabrera Chardiff. El primero es un proyecto que impulsa la bodega Casarena, que ofrece unas 400 etiquetas propias y ajenas en pleno centro de la capital provincial. En tanto, Cabrera Chariff, sobre Arístides Villanueva, es un bar y restaurante de estilo formal que ofrece etiquetas nacionales e importadas a un precio lógico.

En el norte de Argentina, específicamente en Cafayate (región salteña vitivinícola consolidada), está Bad Brothers, Wine Experience. En una casa de más de 150 años se encuentra el primer wine bar de la ciudad, que permite a los clientes hacer su propio blend con los malbec, tannat y cabernet, disponibles en pequeños tanques.

En tanto, en Mar del Plata (ciudad con mucha mítica cervecera) abrió las puertas Cava Federal, que prefiere posicionarse como un “bar de vino”, porque el grueso de su oferta es de industria nacional.

 

EL ALIADO.

Un dato interesante es que el crecimiento de esta propuesta vitivinícola viene de la mano de un desarrollo tecnológico: los dispensers para vinos. Los hay nacionales e importados y controlan la temperatura de servicio y la dosificación. Una de las marcas disponibles es Wineemotion (proveniente de Italia). Junto con su software Winelde brinda una respuesta a las necesidades de cada cliente, ya sea servir vino por copa, organizar degustaciones u ofrecer opciones de maridajes con una carta. Además, permiten conservar los vinos durante cuatro semanas.

Otra marca nacional es Newine, equipada con una pantalla táctil que permite elegir la etiqueta de manera intuitiva, dinámica y lúdica. Al seleccionar un vino, además de iluminarse la botella, en la pantalla se pueden visualizar las características de la elaboración y las propiedades organolépticas.